Pensamientos. Por Otmaro Rivero
1
La primera vez que sucedió me sorprendí, luego comenzó a gustarme.
Estuve en su casa, no estaba, seguro andaba con él, no tenia que pensar mucho para saberlo, su hermana no me dió mayor explicación. Busqué afanosamente en mi bolsillo hasta encontrar las llaves, parecia que no querian ser encontradas. El solo hecho de imaginarla en brazos de otro convertía mi cerebro en una lavadora industrial, y lo peor era que no podia dejar de pensar en ello. Logré abrir la puerta, me avalancé sobre el primer mueble que encontré y cerré mis ojos. Comencé a sudar como si estuviera en el mismísimo infierno, mi pulso comenzó a acelerarse, me senté y mire mis manos, de entre ellas emanaba una leve luz verdosa, que poco a poco cobró brillo y fue tomando consistencia, al principio no se apreciaba forma alguna; sin embargo, al cabo de pocos minutos la masa comenzó a perder luminosidad, sentí peso en mis manos y entre mis dedos tenia una pistola automática 9 mm. No podía creerlo, la miré sorprendido, le daba vueltas, verifiqué si tenia balas y así era. La presión en mi cabeza y el arma en mis manos me hicieron olvidar por un momento de ella, y en ese momento desapareció el arma de mis manos tan rápido como apareció. Un extraño sabor en mis labios me hizo correr al baño, y en el espejo pude ver dos hilillos de sangre que salían de mi nariz. Esa noche la pase sentado en el sofá de la sala pensando en todo lo que habia pasado.
2
Las siguientes semanas trate por todos los medios de repetir la experiencia; pero todos los intentos fueron en vano, no encontraba el punto exacto donde comenzar, y eso me llevo a olvidarme de ella. Cuando todo estaba casi olvidado comenzó de nuevo.
Me dirigía a la Universidad como siempre y me encontraba en un semáforo esperando el cambio de luces para tomar el bus cuando la ví. Estaba sentada en un vehículo no conocido por mí a seis o siete metros frente a mí, agudicé mi vista lo mejor que pude y distinguí al hombre junto a ella, sin duda, no podia ser otro que su nueva conquista, y frente a mis ojos se dieron un apasionado beso, al instante comencé a sentir la misma presión en mi cabeza, aquella que estaba buscando desde hace semanas, me olvide de todo y manteniendo la imagen en mi mente corrí hasta mi casa. No se como llegué, creía que moriria en el camino ya que casi no podia respirar tratando de mantener ese dolor en el cerebro y lo que habia acabado de ver. Al abrir la puerta -esta vez las llaves pusieron de su parte- llegué hasta la cocina, me detuve, todo me daba vueltas, parecia que todas las cosas allí querian bailar una extraña danza, me concentré más para mantener la impresión viva y comencé a sentir un hormigueo en las manos, las miré y la luminosidad conocida por mí pronto se convirtió en el arma que habia visto con anterioridad. Haciendo todo lo posible para no perder la concentración cargué la pistola, apunté al azar y un pequeño cuadro sobre la nevera fué el objetivo, presioné el gatillo, la detonación no tardó en suceder convirtiendo en pedazos un recuerdo de familia. Todo era real y me estaba sucediendo a mí, de eso no habia dudas.
3
La tercera vez que sucedió estabamos en una reunión del grupo en su casa. A mi llegada pensé encontrarla; pero no estaba allí y preferí no preguntar por ella. Hacia mucha calor y preferimos sentarnos en el portal de la casa a conversar y tomar un poco. Al poco rato se escuchó un vehiculo acercarse y todos dirigimos nuestras miradas a ese punto, y pude ver como se detenía el mismo coche que semanas atras habia visto cerca del semáforo. La presión conocida comenzó; pero esta vez con una fuerza que no habia sentido antes, era como si tres o cuatro martillos hidraulicos trataran de abrir mi cabeza para ver que habia dentro de ella, mire mis manos y ante el asombro de todos los presentes y de mi mismo se formó una miniametralladora UZI, de esas que caben en tu mano y casi no se ven; pero que son absolutamente letales. El mundo de repente se detuvo ante mí, no se oia nada, la brisa se detuvo y sentia como si el calor desapareciera de repente, algo vizcoso comenzo a emanar de mi naríz, y poco a poco caia sobre mi camisa manchandola con un rojo escarlata que escandalizaría a cualquiera y nosotros no eramos la excepción. Me levante y dirigiendome hacia los recien llegados cargué el arma y apunté hacia el lado del conductor, presione el gatillo. La noche se convirtió en un extraño coro de gritos y detonaciónes, los segundos parecian eternos y solo cuando el sonido delato la falta de balas, todo volvio al silencio. Me acerqué lentamente hacia mi obra maestra y abrí la puerta de conductor para admirar lo que habia hecho; pero para mi asombro no cayó un solo cuerpo bañado en sangre sino dos, en la desesperación del momento ella se habia abrazado al cuerpo de su nuevo amor quedando en medio del blanco, su cuerpo y el de mi victima ahora solo eran pedazos de carne y sangre que se confundían, separé los cuerpos y mire sus ojos, los cuales solo mostraban espanto y sorpresa, en ese momento senti el mundo caer complentamente sobre mi, solté al arma pero no llegó a tocar el suelo, dirigí mi mirada hacia el grupo y solo ví cuerpos blancos como el papel y con caras de asombro y pánico, salí corriendo del sitio rapidamente...
... ahora estoy en mi casa, frente al televisor viendo las noticias y con una pistola 9 milimetros apuntandome la sien ... y no creo que tenga problemas en apretar el gatillo.
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