La raiz del odio
En estos dias cuando vemos que muchas personas dicen que en Venezuela estamos en un "estado de odio", en donde frases tan sencillas como "SER RICO ES MALO", "LOS RICOS NO SON SERES HUMANOS", llegan a nuestros oidos cada dia por parte de personeros del gobierno, empezando por el Presidente de la República, me he llegado a preguntar si este odio tienes algún motivo específico para ser, no creo que el odio venga por que sí, debe existir alguna base o principio por el cual se sustentan estas personas para inculcarnoslo cada vez que pueden, asi que estuve leyendo algo sobre el tema y me encontré con el libro "Ontologia del Amor en Tomas de Aquino", del Dr. Juan Cruz Cruz, en el cual hace un análisis sobre la envidia como raiz del odio. Considera Cruz Cruz que el envidioso como un fascinador que puede dañar a otras personas solo con la mirada, que esa fascinación es enfermiza y no encuentra limites con tal de destruir a quien es objeto de esa envidia . En un aparte del texto hace referencia a que la filosifía clásica encontró al menos seis características en el envidioso.
"Primero, al «envidioso» le produce pesar o descontento el bienestar y la fortuna de los demás: invidia est tristitia de bono alterius, inquantum aestimatur diminuere gloriam propriam . Por ejemplo, él ve los bienes del otro, pero no las dificultades inherentes a su conducta, ni las privaciones y desventajas que ha tenido que superar para conseguirlos.
Segundo, el envidioso es una persona próxima al provocador: próxima en espacio y en fortuna. Yo no puedo envidiar a un Rockefeller, pero sí a don Próspero, el charcutero de mi barrio, que se está enriqueciendo. Y si a don Próspero se le rompiere una pierna, me consolaré pensando que ahora podría yo andar mejor por la vida. La gran desigualdad provoca admiración, mientras que la desigualdad mínima provoca envidia y ojeriza: invidia non est inter multum inaequales, sed ad illos tantum, quibus potest quis se aequare vel praeferre . El estudiante que se dirige a pie desde su barrio a la Universidad, odia solo un poquito al compañero que va montado en un modesto automóvil; pero el dueño de ese automóvil se muere de envidia cuando es adelantado por un vehículo deslumbrante y de afamada marca. A veces lo envidiado es igual o parecido a lo que el envidioso tiene; pero la imaginación inconsciente lo deforma y lo agranda. Por eso dice el refrán que el envidioso hace de los mosquitos elefantes.
Tercero, lo que al envidioso le molesta no son tanto los valores materiales del otro, sus cosas, cuanto la persona misma poseedora de esos valores. Aunque siente el bien del otro como mal propio, dirige un odio mucho más profundo a la persona que tiene el bien: su mal propiamente dicho es aquella persona colmada de tantos bienes. Y por eso dirige contra el otro una parte de su carga agresiva, queriendo anularlo: no pretende obtener sus bienes, sino destruirlos y, a ser posible, destruirlo a él también. Su envidia es sádica; viene a decir: si yo no puedo tener eso, haré que no lo tengas tú'.
Cuarto, cuanto más favores, atenciones o regalos haga el provocador al fascinador, más fuerte será en éste el deseo de eliminar a aquél, pues la dádiva le recordará siempre que él está en un grado inferior o de carencia. Y aun cuando se lograra una perfecta justicia igualitaria, siempre quedaría la desigualdad de inteligencia y de carácter, la cual sería motivo de envidia.
Quinto, como la mayoría de las veces el fascinador no puede destruir al otro y, además, no puede soportar la idea de que le sobrevivan las personas afortunadas, dirige contra sí mismo la otra parte de ese odio agresivo: no sólo quiere destruir al otro, sino destruirse a sí mismo; es autodestructivo, autodevorador, siendo su lema: «prefiero morirme antes que verte feliz!». El fascinador es también masoquista. De ahí que digamos que alguien se muere de envidia.
Sexto, el fascinador nunca descansa: ni siquiera la expropiación forzosa de la fortuna del otro, en sentido igualitario, logra apagar su envidia. Por eso, si la envidia fuese fiebre, todo el mundo habría muerto, dice el refrán."
Luego de leer y releer lo anterior me pregunto:
¿Tan bajo hemos llegado que ya no respetados a nuestros semejantes que han pasado su vida formando sus familias y bienes con esfuerzo y trabajo, ayudando a muchos otros como ellos dentro de sus empresas?
¿Tenemos que destruir lo que ya esta hecho para generar cosas que nunca arrancan y se pierden en el tiempo?
¿Tanta fascinación tiene el gobierno que mantiene a miles de venezolanos dormidos en mitad del desastre actual?
¿Podremos algún dia salir de este letargo envidioso que nos carcome?, y si es así como podremos volver a inculcar valores eticos que nos hagan salir a flote.
Son muchas preguntas y variadas las respuestas, su aporte es agradecido.
"Primero, al «envidioso» le produce pesar o descontento el bienestar y la fortuna de los demás: invidia est tristitia de bono alterius, inquantum aestimatur diminuere gloriam propriam . Por ejemplo, él ve los bienes del otro, pero no las dificultades inherentes a su conducta, ni las privaciones y desventajas que ha tenido que superar para conseguirlos.
Segundo, el envidioso es una persona próxima al provocador: próxima en espacio y en fortuna. Yo no puedo envidiar a un Rockefeller, pero sí a don Próspero, el charcutero de mi barrio, que se está enriqueciendo. Y si a don Próspero se le rompiere una pierna, me consolaré pensando que ahora podría yo andar mejor por la vida. La gran desigualdad provoca admiración, mientras que la desigualdad mínima provoca envidia y ojeriza: invidia non est inter multum inaequales, sed ad illos tantum, quibus potest quis se aequare vel praeferre . El estudiante que se dirige a pie desde su barrio a la Universidad, odia solo un poquito al compañero que va montado en un modesto automóvil; pero el dueño de ese automóvil se muere de envidia cuando es adelantado por un vehículo deslumbrante y de afamada marca. A veces lo envidiado es igual o parecido a lo que el envidioso tiene; pero la imaginación inconsciente lo deforma y lo agranda. Por eso dice el refrán que el envidioso hace de los mosquitos elefantes.
Tercero, lo que al envidioso le molesta no son tanto los valores materiales del otro, sus cosas, cuanto la persona misma poseedora de esos valores. Aunque siente el bien del otro como mal propio, dirige un odio mucho más profundo a la persona que tiene el bien: su mal propiamente dicho es aquella persona colmada de tantos bienes. Y por eso dirige contra el otro una parte de su carga agresiva, queriendo anularlo: no pretende obtener sus bienes, sino destruirlos y, a ser posible, destruirlo a él también. Su envidia es sádica; viene a decir: si yo no puedo tener eso, haré que no lo tengas tú'.
Cuarto, cuanto más favores, atenciones o regalos haga el provocador al fascinador, más fuerte será en éste el deseo de eliminar a aquél, pues la dádiva le recordará siempre que él está en un grado inferior o de carencia. Y aun cuando se lograra una perfecta justicia igualitaria, siempre quedaría la desigualdad de inteligencia y de carácter, la cual sería motivo de envidia.
Quinto, como la mayoría de las veces el fascinador no puede destruir al otro y, además, no puede soportar la idea de que le sobrevivan las personas afortunadas, dirige contra sí mismo la otra parte de ese odio agresivo: no sólo quiere destruir al otro, sino destruirse a sí mismo; es autodestructivo, autodevorador, siendo su lema: «prefiero morirme antes que verte feliz!». El fascinador es también masoquista. De ahí que digamos que alguien se muere de envidia.
Sexto, el fascinador nunca descansa: ni siquiera la expropiación forzosa de la fortuna del otro, en sentido igualitario, logra apagar su envidia. Por eso, si la envidia fuese fiebre, todo el mundo habría muerto, dice el refrán."
Luego de leer y releer lo anterior me pregunto:
¿Tan bajo hemos llegado que ya no respetados a nuestros semejantes que han pasado su vida formando sus familias y bienes con esfuerzo y trabajo, ayudando a muchos otros como ellos dentro de sus empresas?
¿Tenemos que destruir lo que ya esta hecho para generar cosas que nunca arrancan y se pierden en el tiempo?
¿Tanta fascinación tiene el gobierno que mantiene a miles de venezolanos dormidos en mitad del desastre actual?
¿Podremos algún dia salir de este letargo envidioso que nos carcome?, y si es así como podremos volver a inculcar valores eticos que nos hagan salir a flote.
Son muchas preguntas y variadas las respuestas, su aporte es agradecido.
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